¿En qué momento un anfitrión se vuelve “demasiado presente” para sus huéspedes?
A menudo se habla de la capacidad de respuesta, la disponibilidad y la comunicación como elementos esenciales para ofrecer una experiencia excelente.
Pero me pregunto si también existe un límite.
A algunos viajeros les gusta que nos comuniquemos con ellos con regularidad, que les demos consejos y que anticipemos sus necesidades.
Otros prefieren tener toda la información necesaria desde el principio... y luego disfrutar de su estadía con tranquilidad sin recibir demasiados mensajes.
Personalmente, creo que uno de los desafíos más interesantes para un anfitrión es precisamente encontrar el equilibrio adecuado entre estar disponible y darle espacio al huésped.
¿Cómo lo gestionan en sus alojamientos?
¿Tienen alguna regla sobre la cantidad de mensajes que envían durante una estadía, o se adaptan completamente al comportamiento de cada huésped?
Me gustaría saber si las costumbres varían según los países y las culturas.













